La necesidad de compartir experiencias y emociones.

Sinopsis: En un mundo intercomunicado e intoxicado por el exceso de información, las personas cada vez se encuentran más avocadas a la soledad, habiendo desaprendido su capacidad de compartir su historia, sus vivencias, y lo más importante compartir una sonrisa.

Últimamente en todos los procesos de coaching que inicio me encuentro con un elemento en común, independientemente de lo que pretende la persona que lo inicia, ese factor vinculante entre todos los procesos es la declaración bien clara y alta que hacen todos las personas:

¡Me preocupa mi soledad!

En el mundo actual, si uno vive en una ciudad, es difícil no estar rodeado de una multitud de seres humanos, pero cuantas veces esa multitud uniforme, se convierte en el aderezo especial para la elaboración de una soledad, una soledad que nos llena de vacío, una soledad que duele, una soledad que incrementa, refuerza, realza todas aquellas emociones que como la tristeza nos van arrinconando más y más en el más recóndito de los rincones oscuros. Y entonces la soledad se convierte en la eterna compañera  de nuestro viaje cotidiano.

Y tú me preguntarás ¿Cómo puedo huir de esta soledad hiriente?

  1. Tienes que reconocer y aceptar que la soledad es consecuencia de tus decisiones y de tus actos. Sí, ten la valentía de aceptarlo. La soledad es la consecuencia final de dogmatismos personales, de miedos personales, de no creer en ti mismo, y de un montón de sinsentidos. Al fin y al cabo es la consecuencia última de no reconocer que hay múltiples visiones del mundo, una gran cantidad de opciones de vivir la vida. Y que la tuya es solamente una más. Por lo tanto comparte tu modo de vida, no lo enfrentes a los demás.
  2. Después debes recordar que tu bagaje va sobrado, seguro, de miedos y de razones. Y a los miedos hay que ganarlos, y a las razones hay que abandonarlas. Para ganar la batalla a la soledad, hay que activar la valentía y la comprensión.
  3. Para continuar acto seguido con tu historia, tú eres el héroe de tu vida, tienes una historia que contar, con una gran trama, con un montón de anécdotas, con momentos de fracasos, pero también de éxitos, una historia llena de matices y de emociones. ¡Compártelo! Vas a ver que cuando compartes tu historia, los demás van a compartir la suya, y ello va a llevarte a una complicidad que poco a poco te hará abandonar tu soledad.
  4. Y por último una sonrisa. Sí, aquella expresión que todo el mundo entiende, y que a todos engrandece el corazón y acaba abriendo las puertas de todas las almas.

Y para finalizar te ofrezco un pequeño retazo de la sabiduría de Gandhi:

Una sonrisa no cuesta nada y rinde mucho. Enriquece al que la recibe sin empobrecer al que la da. No dura más que un instante, pero, a veces, su recuerdo es eterno. Nadie es demasiado rico para prescindir de ella, nadie demasiado pobre para no merecerla. Es el símbolo de la amistad, da reposo al cansado y anima al deprimido. No puede comprarse, ni dejarse, ni robarse, porque no tiene valor hasta que se da. Y si alguna vez encuentras a alguien que no sabe dar una sonrisa: sé generoso, dale la tuya. Porque nadie tiene tanta necesidad de una sonrisa como aquella persona que no sabe darla a los demás.»

… y una sonrisa de mi parte…